En esta época de crisis, surgen teorías para todos los gustos. Una de ellas es la frase ofrecida por Carlos Losada, director general de la escuela de negocios Esade. En su opinión, “los líderes tóxicos hacen mucho daño a las empresas y a la sociedad”. ¿Y qué demonios es un líder tóxico? “Aquel que mira más su persona que a la empresa”, dice.
Para Losada, uno de los ejemplos más claros ha sido el ingeniero José Ignacio López de Arriortúa, el célebre ingeniero Superlópez: “Cuando saltó de General Motors a Volkswagen, quedó patente que la gente sólo le obedecía a él. Y eso funde a una empresa”, ha dicho Losada.
Este tipo de líderes, en su opinión, levanta muchos afectos: admiración, reconocimiento, aprecio. Pero el carisma no lo es todo. Según ha dicho, la Harvard Business Review, por ejemplo, reconoce que el carisma de un líder no siempre se identifica con el éxito de una empresa.
El director general de Esade ha recordado otros casos célebres, como el de Kenneth Lay, ex presidente de Enron. “Sus subordinados se hacían el traje con el mismo sastre y se construián las casas con el mismo arquitecto”, dice. habría que preguntarse si también acabaron en la misma cárcel.
Frente a esto, Losada ha hecho énfasis en la necesidad de enfocar el liderazgo como un servicio.
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